La CCBE asiste a la presentación del I estudio regional sobre salud mental juvenil en entornos digitales

La CCBE asiste a la presentación del I estudio regional sobre salud mental juvenil en entornos digitales

La Cámara de Comercio Brasil-España (CCBE) ha estado presente en la presentación del resumen ejecutivo del informe El impacto de la digitalización en la salud mental y el bienestar psicosocial de las personas jóvenes en Iberoamérica: entre la vulnerabilidad y la oportunidad, el primer análisis regional sistemático sobre cómo la transformación digital afecta al bienestar de las juventudes, desarrollado por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), en colaboración con la Organización Internacional de Juventud para Iberoamérica (OIJ).

El estudio, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), forma parte de la implementación de la Carta Iberoamericana de Principios y Derechos en los Entornos Digitales (CIPDED), aprobada en 2023 por los 22 países de la región durante la Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno. Este marco establece que la transformación digital debe situar a las personas en el centro.

Durante la presentación, a la que asistió Óscar Méndez, director ejecutivo de la CCBE; el secretario general iberoamericano, Andrés Allamand, destacó la urgencia de abordar el fenómeno desde políticas públicas eficaces. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, 1 de cada 5 adolescentes vive con un trastorno mental diagnosticado, mientras que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) señala que el 60 % de las jóvenes latinoamericanas ha sufrido violencia digital, con consecuencias directas en su salud mental.

Por su parte, el secretario general del OIJ, Alexandre Pupo, subrayó que la salud mental juvenil debe considerarse un pilar de la gobernanza digital. En su opinión, las plataformas y tecnologías digitales deberían incorporar evaluaciones de impacto psicosocial similares a las evaluaciones ambientales que se exigen en grandes infraestructuras.

En el evento también participó la ministra española de Juventud e Infancia, Sira Rego, quien defendió la necesidad de una regulación democrática del ámbito digital, basada en transparencia algorítmica, alfabetización crítica y participación real de la juventud en la toma de decisiones.

El informe destaca que la transformación digital no elimina desigualdades estructurales, sino que en muchos casos las amplifica. Factores como el acceso a conectividad de calidad, la disponibilidad de dispositivos seguros o el nivel de alfabetización digital influyen directamente en la experiencia digital de las personas jóvenes.

Además, el estudio identifica brechas territoriales, de género y socioeconómicas que condicionan la exposición a riesgos y el acceso a apoyo. Las mujeres jóvenes sufren mayores niveles de violencia digital, mientras que adolescentes en zonas rurales o en contextos socioeconómicos vulnerables pueden tener menos acceso a recursos especializados o entornos digitales seguros.

Además, el estudio, elaborado por la consultora Equoras, detecta una desconexión entre las políticas de salud mental y las agendas de transformación digital, que han evolucionado en paralelo con escasa coordinación entre sectores.

Entre las principales recomendaciones destacan:

  • Integrar el enfoque de derechos digitales en las políticas de salud mental.
  • Impulsar alfabetización digital crítica en los sistemas educativos, incluyendo competencias socioemocionales y comprensión de los algoritmos.
  • Establecer mecanismos de participación juvenil con incidencia real en el diseño de políticas públicas.
  • Evaluar de forma rigurosa la eficacia de las intervenciones digitales, priorizando modelos híbridos que combinen tecnología y acompañamiento humano.
  • Reforzar la cooperación regional mediante indicadores comparables y estándares comunes de evaluación.

El informe también recoge la perspectiva de las juventudes, que ven el entorno digital como un espacio de creatividad, aprendizaje y socialización, pero también como un ámbito marcado por la presión por la validación constante, la violencia digital y la dificultad para desconectarse.

La principal conclusión del estudio es clara: la salud mental juvenil no puede tratarse como un efecto secundario de la digitalización, sino como una dimensión estructural del bienestar en la era digital.